domingo, 14 de junio de 2015

Poemas del petrarquismo.


Poemas originales.
Poemas escritos por mí.
14.
Ojos tristes, en tanto que yo os lleve
al rostro de quien muerte os da y tormentos
os ruego estéis atentos
que en mal mío os desafía Amor aleve.

La muerte es sólo quien mi pensamiento
cerrar puede el camino que lo adiestra
al dulce puerto que sus males sana;
se oculta en cambio a vos la lumbre
vuestra
con más pequeño y pobre impedimento,
pues sois hechos de esencia más liviana.

Y por ello, pues ya se halla cercana,
antes que del llanto halléis la hora
tomad al fin ahora
a tan largo martirio alivio breve.
14.
Ojos tan verdes como la hierba que el campo colorea,
olvidad a aquel que tristeza os proporciona,
y prestad atención a la felicidad que os llena.

Tantas veces he deseado mi propia muerte,
al cabo sólo otro obstáculo soy,
después pienso en los que me rodean,
¿acaso no verme les contentaría?
por ellos lucho y forcejeo,
oh verdes ojos, ¿no podéis acaso darme un descanso?

Bien sé que no podré descansar hasta contenta estar,
conseguir esto es mi objetivo,
días y días invertidos.  
21.
Mil veces ofrecí, enemiga mía,
por alcanzar la paz de esa mirada,
a vos el corazón, mas no os agrada
mirar tan bajo cosa a vos baldía.

Y si algo quizás otra de él ansía,
siente esperanza débil y engañada;
que, pues desdeña cuanto os desagrada,
no puede ser ya más como solía.

Si lo echo de mí hoy, y en vos no hubiera
para su exilio alivio, no sabría
ni solo estar, ni andar si otra lo llama;

y así el natural curso perdería,
que eso de entrambos grave culpa fuera,
y tanto más de vos, cuanto os más ama.
21.
Cuantas veces rechazada he sido,
por culpa de buenos chicos que quitarme el corazón querían,
más deben entender que sin él vivir no puedo.

Oh corazón mío, ¿como poder quitar tu sufrimiento?
Noches de lágrimas corriendo por mis mejillas,
aún al despertar todo se quita.

Si en ti no hubiera demanda exigente,
podría yo estar aislada,
más no puedo soportar tus dulces encantos.

Siento mi latido no regalarte,
más mi vida depende de él,
y tal vez algún día ese derecho pueda negarle.
75.
Los ojos, que me hirieron de manera
que sólo ellos podrían sanar la llaga,
y no virtud de hierba, o de arte maga
o ya de piedra al mar nuestro extranjera,

tal cortan de amor otro otra carrera,
que un solo dulce afán el alma paga;
y, si la lengua en el afán se embriaga,
afán cobre, y no lengua, burla fiera.

Estos los ojos son que hacen sin tasa
de cada acción de mi señor victoria
en toda parte, y más en la que habito;

estos los ojos son cuya memoria
tal tienen siempre el pecho ardiendo en brasa,
que, hablando de ellos yo, jamás me ahíto.
75.
Los ojos, que me empujan a los acantilados,
que solo ellos pueden elevarme al mismo cielo,
y no entiendo como hacer todo pueden,
en solo una mirada sus sentimientos transfieren,
la carrera de otro amor despega,
que yo solo puedo sentir,
porque sin ti, yo podría morir,
y tu alma a la mía se agrega.


Estos los ojos son que feliz me hacen,
importancia no doy al sitio o lugar,
siempre que tus miradas me abracen;

estos ojos en los que tus sentimientos perduran,
sintiendo día a día tu amor en mi pecho,
pero sin hablar de ellos.
274.
Dame ya paz, oh duro pensamiento,
¿no te basta que Amor, Fortuna o Muerte
a sus puertas me hagan guerra fuerte
sin que dentro de mí halle otro tormento?

Y tú, mi corazón, pues que aún te siento
desleal a mí, ¿por qué contraria suerte
con aliados del mal pretendes verte
tan prontos a abonar mi descontento?

Amor en ti su íntimo articifio,
Fortuna en ti despliega toda pompa,
y Muerte la memoria de aquel tiro

que cuanta vida tengo hará que rompa;
en ti se arma de error vano mi juicio,
porque a ti sólo por culpable miro.
274.
Dame ya paz, oh duro pensamiento,
¿no basta con que me enfrente día y noche,
a todos estos fuertes sentimientos,
que dentro de mí se mueven?

Y tú, latido constante,
una y otra vez me traicionas,
pero perdonarte debo, gracias a vos vivo sigo,
más no puedo seguir con esta tortura.

Sentimientos agolpados en mi interior,
momentos escapados en los actos,
¿tanto pido, pobre corazón?

Solo un poco de tranquilidad yo pido,
rematar este tormento que de mí ríe,
oh, dulce amigo latido,¿por qué castigando sigues?
295.
Solían mis pensamientos suavemente
juntos tratar de su inquietud primera:
«Piedad hoy del retraso se arrepiente;
quizás habla de ti, teme o espera».

Después que el día final y hora postrera
de vida la privaron de repente,
mi cuita desde el cielo ve, oye y siente,
que no hay, si en ella no, esperanza fuera.

¡Oh milagro gentil! ¡Oh feliz alma!
¡Oh beldad sin segunda noble y rara
que ha vuelto presto a su natal plantío!

Tiene allí de su bien corona y palma
la que aquí abajo celebrada y clara
fue su mayor virtud y el furor mío.
295.
Dulcemente suelen mis pensamientos,
encontrarse con los tuyos a menudo,
y siempre entre susurros,
murmurar cuanto ambos nos extrañamos.

Al final de cada día,
sin importar que haya podido suceder,
se que tu me cuidas desde allí donde estes,
dandome la fuerza necesaria para seguir.

¡Oh magia encantadora!
¡Oh sufrimiento consumidor!
De mi amado que me quiere con amor.

Tiene en el cielo su final,
aquí abajo su llegada esperamos,
pero tal vez nunca llegue.

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